EL SUEÑO DEL TELAR


Cuando la media noche sonó en el reloj de la torre, tocó un timbre, y sus pajes entraron y lo desvistieron con mucha ceremonia, echándole agua de rosas sobre la almohada. Pocos momentos después de haber salido los pajes, dormía el rey.

Y mientras dormía, soñó, y éste fue su sueño.

Estaba de pie en un desván de techo bajo, entre el zumbido de muchos telares. Débil luz penetraba por las enrejadas ventanas, y le mostraba las figuras de los tejedores, inclinados sobre sus bastidores. Niños pálidos, de aspecto enfermizo, se agachaban en los grandes traveses. Las caras estaban contraídas por el hambre, y las manos temblaban y se estremecían. Unas mujeres demacradas se hallaban sentadas alrededor de una mesa, tejiendo. El aire estaba pestilente y pesado, y de los muros chorreaba humedad.

El joven rey se acercó a uno de los tejedores, se detuvo junto a él y lo contempló.

El tejedor lo miró airadamente y gritó:
- ¿Por qué me miras? ¿Eres un espía puesto aquí por el amo?
- ¿Quién es tu amo? -pregunto el joven rey.
- ¡Nuestro amo! -dijo amargamente el tejedor. Es un hombre como nosotros. pero él lleva buena ropa, mientras yo llevo harapos, y mientras yo padezco hambre, él padece por exceso de alimentación.

-El país es libre -dice el rey, y tú no eres esclavo de nadie.

-En la guerra -dijo el tejedor, los fuertes hacen esclavos a los débiles, y en la paz, los ricos hacen esclavos a los pobres...


Oscar Wilde



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