ENTRENAMIENTO DE LAS CAPACIDADES FÍSICAS EN EL PORTERO
Educación Física, expresa que “el entrenamiento es un proceso continuo de trabajo que busca el desarrollo óptimo de las cualidades físicas y psíquicas del sujeto para alcanzar el máximo rendimiento deportivo. Este es un proceso sistemático y planificado de adaptaciones morfo-funcionales, psíquicas, técnicas, tácticas, logradas a través de cargas funcionales crecientes, con el fin de obtener el máximo rendimiento de las capacidades individuales en un deporte o disciplina concreta”.
Para lograr las adaptaciones
específicas del puesto es preciso crear estímulos determinados, con una
frecuencia semanal y una carga de trabajo adecuada.
Entrenamiento de la velocidad.- Sin dudas, la velocidad es una capacidad relevante en el puesto. Las sesiones de entrenamiento se organizan con el objetivo de que el arquero mejore su “velocidad”, su “reacción”, sus “reflejos”.
No obstante, existe un significativo desconocimiento acerca de su concepto, aplicación práctica y dosificación de la carga, que desvía la especificidad del estímulo e impide un mayor logro de resultados.
Nuestro objetivo es brindar
conocimiento en esta área analizado el concepto de velocidad dentro del marco
que nos concierne. En la revisión bibliográfica no se encontró un análisis de la velocidad para el puesto del arquero, tampoco se encontró una propuesta de entrenamiento exclusiva para esta capacidad en el puesto. Por lo cual, el siguiente análisis de la velocidad fue realizado exclusivamente para el puesto del arquero de fútbol.
a) ¿Qué es la velocidad en el arquero? La velocidad de movimiento representa el tiempo que
transcurre desde la percepción del estímulo que provoca la respuesta motora, hasta la finalización de la
misma.
La velocidad de reacción representa la suma de los tiempos
de cada uno de sus componentes, que gráficamente exponemos de la siguiente
manera:
Entrenamiento de la velocidad de reacción:
EL PRINCIPITO (Cap. 2)
Antoine de Saint-Exupéry
— ¡Por favor... píntame un cordero!
—¿Eh?
—¡Píntame un cordero!
Me puse en pie de un salto como herido por el rayo. Me froté los ojos. Miré a mi alrededor. Vi a un extraordinario muchachito que me miraba gravemente. Ahí tienen el mejor retrato que más tarde logré hacer de él, aunque mi dibujo, ciertamente es menos encantador que el modelo. Pero no es mía la culpa.
Las personas mayores me desanimaron de mi carrera de pintor a la edad de seis años y no había aprendido a dibujar otra cosa que boas cerradas y boas abiertas.
Miré, pues, aquella aparición con los ojos redondos de admiración. No hay que olvidar que me encontraba a unas mil millas de distancia del lugar habitado más próximo. Y ahora bien, el muchachito no me parecía ni perdido, ni muerto de cansancio, de hambre, de sed o de miedo. No tenía en absoluto la apariencia de un niño perdido en el desierto, a mil millas de distancia del lugar habitado más próximo.
Cuando logré, por fin, articular palabra, le dije:
— Pero… ¿qué haces tú por aquí?
Y él respondió entonces, suavemente, como algo muy importante:
—¡Por favor… píntame un cordero!
Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer. Por absurdo que aquello me pareciera, a mil millas de distancia de todo lugar habitado y en peligro de muerte, saqué de mi bolsillo una hoja de papel y una pluma fuente. Recordé que yo había estudiado especialmente geografía, historia, cálculo y gramática y le dije al muchachito (ya un poco malhumorado), que no sabía dibujar.
—¡No importa —me respondió—, píntame un cordero!
Como nunca había dibujado un cordero, rehice para él uno de los dos únicos dibujos que yo era capaz de realizar: el de la serpiente boa cerrada. Y quedé estupefacto cuando oí decir al hombrecito:
— ¡No, no! Yo no quiero un elefante en una serpiente. La serpiente es muy peligrosa y el elefante ocupa mucho sitio. En mi tierra es todo muy pequeño. Necesito un cordero. Píntame un cordero.
Dibujé un cordero. Lo miró atentamente y dijo:
—¡No! Este está ya muy enfermo. Haz otro.
Volví a dibujar.
Mi amigo sonrió dulcemente, con indulgencia.
—¿Ves? Esto no es un cordero, es un carnero. Tiene Cuernos…
Rehice nuevamente mi dibujo: fue rechazado igual que los anteriores.
—Este es demasiado viejo. Quiero un cordero que viva mucho tiempo.
Falto ya de paciencia y deseoso de comenzar a desmontar el motor, garrapateé rápidamente este dibujo, se lo enseñé, y le agregué:
—Esta es la caja. El cordero que quieres está adentro. Con gran sorpresa mía el rostro de mi joven juez se iluminó:
—¡Así es como yo lo quería! ¿Crees que sea necesario mucha hierba para este cordero?
—¿Por qué?
—Porque en mi tierra es todo tan pequeño…
Se inclinó hacia el dibujo y exclamó:
—¡Bueno, no tan pequeño…! Está dormido…
Y así fue como conocí al principito.
EL PRINCIPITO
Antoine de Saint-Exupéry
Cuando yo tenía seis años vi en un libro sobre la selva virgen que se titulaba "Historias vividas", una magnífica lámina. Representaba una serpiente boa que se tragaba a una fiera.
En el libro se afirmaba: "La serpiente boa se traga su presa entera, sin masticarla. Luego ya no puede moverse y duerme durante los seis meses que dura su digestión".
Reflexioné mucho en ese momento sobre las aventuras de la jungla y a mi vez logré trazar con un lápiz de colores mi primer dibujo. Mi dibujo número 1 era de esta manera:
A lo largo de mi vida he tenido multitud de contactos con multitud de gente seria. Viví mucho con personas mayores y las he conocido muy de cerca; pero esto no ha mejorado demasiado mi opinión sobre ellas.
Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: "Es un sombrero". Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable.
EL SUSTANTIVO Y SUS CLASES
Los sustantivos son palabras con las que nombramos a las personas, animales, plantas, objetos, sentimientos, ideas…
Hay diferentes clases de sustantivos: común/propio; individual/colectivo; concreto/abstracto.
Comunes o propios
*Los sustantivos comunes se refieren a las personas, animales, plantas y objetos en general: secretario, árbol, montaña, pluma…
*Los sustantivos propios sirven para identificar a las personas, animales, plantas o lugares, y distinguirlos de los demás de su grupo: Paula, Tobi, Córdoba, Guadalquivir, Luis…
Individuales o colectivos
*Los sustantivos individuales, son los que en singular, se refieren a una persona, animal, planta u objeto: pescador , gato, mochila, puerta…
*Los sustantivos colectivos nombran, en singular, a un conjunto de personas, animales, plantas u objetos: pandilla, pinar, rebaño, bosque, ejercito…
Concretos y abstractos
*Los sustantivos concretos designan seres u objetos que pertenecen a mundo físico y que por lo tanto pueden percibirse a través de lo sentidos. libro, edificio, lluvia…
*Los sustantivo abstractos nombran cuestiones que no pertenecen a mundo físico sino al de las ideas o sentimientos y que no ser perciben por los sentidos. alegría seguridad, belleza, felicidad, miedo…
Contables o no contables
*Los sustantivos contables designan algo que puede ser contado. pájaro (un pájaro), persona (diez personas), mesa (tres mesas)…
*Los sustantivos no contables nombra algo que no se puede contar. aire, sal, arena…
Read moreSISTEMA SOLAR INTERACTIVO
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