LA CUEVA DE ESPINDOLA
Luego de la conquista española había en nuestras tierras gente muy rica, entre ellos vivía una familia muy adinerada que tenía una sola hija quien era muy humilde y trabajadora. su padre era un hombre muy duro que odiaba a los ladrones y a los vagos y por esta razón obligó a su hija a ser trabajadora.
Un cálido verano, la hija de tan poderoso señor salió en busca de hierba para alimentar su rebaño, caminó muy largo hasta la llanura del pie del nudo del Azuay, allí en ese maravilloso paisaje andino pasó la chica varios meses pastando su rebaño. Cuando regresó después de esos meses a su casa, su salud estaba muy deteriorada .
la mamá de esta joven muy preocupada por el estado de salud de su hija, buscó alivio preguntándole constantemente: ¿Qué te ocurrió en el cerro? Ella respondía: ¡Nada no me pasó nada!.
Buscaron médicos y curanderos, los cuales coincidieron en decir que la chica se encontraba en cinta. La joven solo lloraba y decía que tenía pesadillas. Pasó el tiempo y llego el momento del parto donde nacieron dos hermosos niños. Los vecinos le consolaron en muchas ocasiones, y se asombraron de la belleza de aquellos niños, cuando una vecina preguntó a la joven: ¿Qué nombre le vas a poner a los pequeños? ¡Ellos hablaron! El uno dijo, yo me llamo ESPÍNDOLA, el otro añadió: Yo me llamo VIVÍCOLES.
Los niños se desarrollaron muy a prisa como no es normal en niños comunes y corrientes. A los doce años de edad, ya casi eran hombres, Vivícoles desapareció a esa edad, sin que nadie pudiera dar razón de él. Espíndola hallándose sólo, también huyó.
Se dice que en el cerro cerca de Culebrillas una vieja aguardona, le enseñó una cueva, que luego se llamaría la Cueva de Espíndola. Allá en el páramo vivía Espíndola, siempre se lo encontraba en el lugar conocido como Angas Shayaba (Paradero del gallinazo). Muchos rumores recorrían la zona, se dice que Espíndola se constituyó en el terror de los aventureros, a los cuales, asesinaba sin piedad; para luego quitarles todos los bienes traían consigo.
De esa manera logró embodegar muchos alimentos así también armas y otros artículos en su cueva, mientras tanto por todas partes se corría la novedad de la matanza de este misterioso hombre a las personas que se encontraban con él. Cierto día, un peón de la hacienda del Cañar, debía trasladare a la ciudad de Quito enviado por su amo, pero de manera obligada debía pasar junto a la cueva del temerario y matón Espíndola, entonces este hombre dijo a su amo: Patrón, si yo muero vos cuida a mi mujer y a mis hijos si lo aceptas de está manera yo me voy, de lo contrario yo no te obedezco.
El patrón aceptó el trato y el buen peón se despidió muy triste de su mujer y de sus hijos, el viaje se convirtió en una pesadilla para el pobre hombre, porque no tardo en presentarce Espíndola que con voz ronca le dijo: ¿Qué haces por aquí? ¡Yo soy Espíndola! "No me mates, por favor, no me mates patrón. te daré todo lo que tengo, pero no lo hagas".
"Primero quiero comida" ¿Tienes?
El peón le dió todo el fiambre que había llevado, en completo silencio observó, como taita Espíndola doblaba los cuyes como jabón y les hacía un bocado. Mientras comía Espíndola, el indígena le hizo conversación al tiempo que tocaba las armas de fuego y otra que encontró en la cueva, ¿Con ésto me vas a matar? comentaba el indígena.
No, contestó Espíndola, con la espada, como maté a los otros.
Espíndola se descuidó y se acostó boca abajo después de comer; en eso, el peón, rápidamente le volo la cabeza con la espada que tenía en sus manos. Espíndola gritaba desesperadamente y se puso de pie sin cabeza buscando al indígena, el cual se escondió, para luego proseguir su viaje lo más rápido posible. El cerro se enfureció con tormentas y rayos dándole un gran susto al hombre que había matado a Espíndola.
El viajero ante la furia incontenible del cerro no tuvo otra alternativa más que la de regresar a la casa de su amo. De esta manera se terminó con la vida de Espíndola. Algunos viajeros relatan que en la cueva donde vivía este terrorífico personaje llamado Espíndola, se encontraron telas que se deshacían con solo tocarlas.
Esa gran fortuna que siempre acumuló Espíndola es un misterio y siempre se habla del tesoro de Espíndola el cual lo dejó ocultando en algún lugar del cerro de Culebrillas, muchas personas aseguran haber escuchado la voz ronca y apagada del espíritu de Espíndola quien cuida su tesoro.


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